
El tiempo le pasó sin dar grandes señales de su paso , parecía lento e imperceptible.
Notó que se quedaba dormido inexorablemente ante cada atardecer, sin cuestionarlo siquiera.
Creía que era distinto, diferente o talvés especial pero no. Y se lo hicieron ver de golpe.
Alguien más en la inmensidad, nadie simplemente.
Aún con eso, a pesar de todo no bastaba y no lo entendía; qué era nunca lo dijo. Más allá de lo que veía le era difícil imaginar; en verdad, únicamente no quería hacerlo, su mente jugaba cada vez que podía y sólo erraba el camino. No era que no le gustaba ello, a veces lo apreciaba, pero ahora ya no había caso.
Con el pasar se dió cuenta del error y cuando consiguió abrir los ojos bajo el cielo estrellado, notó, amargamente, que había caído otra vez en el mismo juego.
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